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Siempre he sido una amante de la naturaleza. Recuerdo cuando era
niña, y veníamos al pueblo de mis abuelos en vacaciones.
Vivíamos en la ciudad, y aquellos días en contacto con
los olivos, los limoneros, el cielo limpio y lleno de estrellas por la noche
eran algo muy especial para mí.
Me encantaba pasear entre los
naranjos, coger vinagretas y morderlas, y cazar renacuajos en el río.
Eso sí, después los soltaba
Con el tiempo
crecí, los abuelos se fueron y la vida fue cambiando. Y dejamos de ir
tan asiduamente al pueblo. Todos aquellos recuerdos maravillosos se quedaron
como fotografías estampadas en mi mente, pero lejos de mi existencia
cotidiana.
Me metí en la vorágine de la vida moderna, y
sólo veía la playa en vacaciones.
Para colmo, como
trabajaba desde casa por internet, había días en que no
salía para nada. Días enteros haciendo cosas, con el ordenador de
un lado para otro
Tengo fotos en delantal, haciendo la comida, y con el
ordenador a mi lado, ¡recibiendo y contestando correos!
No me
daba cuenta, pero cuando no salía un día y otro, era como si me
fuera apagando, como una vela a la que le falta el oxígeno. Me
sentía tristona, cansada, como un animal enjaulado.
Pero no
podía permitirme perder el ritmo. Cuando el negocio estaba creciendo,
había que aprovechar, y cuando se estancaba ó bajaba,
había que esforzarse más.
Los fines de semana, reuniones,
seminarios y demás.
La cuestión es que salir a caminar, a
respirar simplemente, se convirtió en un lujo precioso que no me
"podía" permitir
porque parecía que estaba perdiendo el
tiempo.
En esa locura he estado mucho, mucho tiempo.
Hasta que
no pude más.
Entonces cambié de rumbo y quise ser
más feliz y elevar mi vibración. Fue cuando supe lo que me estaba
perdiendo.
Pasaba demasiado tiempo en casa. Haciendo cosas, viendo la
tele, limpiando, ó simplemente sentada en un sillón mirando por
la ventana.
Me di cuenta de que mucha gente alrededor hacía lo
mismo. Encerrarse en su casa y salir lo justo para trabajar, comprar y poco
más.
Cada uno en su cubículo, lleno de comodidades y
aparatos de todo tipo, pero en soledad. Aislados, sin compartir, sin conversar
con los vecinos. Con varios cerrojos en la puerta, por si entran a robar, por
si te hacen daño, por si
Cada vez más cansados,
más enfermos, más deprimidos, más solos.
Hemos creado una vida en la que nos hemos olvidado de nuestra
Madre Tierra, de la función y relación tan especial que tiene con
nosotros.
En la que las ciudades son gigantescas colmenas de hormigón y
ladrillo, a veces con muy pocos árboles donde los niños puedan
subirse ó jugar.
Es la "vida moderna" que nos vendieron como lo
máximo a lo que podíamos aspirar
Creo firmemente
que la vida como la hemos conocido está a punto de cambiar para siempre.
Creo que no vinimos aquí a tener muchas cosas materiales, a
recelar de los demás ó a sobrevivir, siempre pendientes del
dinero y de competir para llegar el primero.
Vinimos a Vivir.
A disfrutar, a
reír, a estar relajados, a aprender cosas increíbles, a amarnos y
amar a los demás.
Por fin llegó el tiempo de despertar,
de dejar de vivir en piloto automático.
Estamos frente a la
época más interesante de nuestra historia.
Es el momento de volver a lo esencial. A lo importante.
A
la naturaleza.
Esa es la práctica de hoy.
Cada vez que puedas, si es
posible cada día, sal al campo, a la playa si la tienes cerca. Camina
entre los árboles, permite que los olores, las sensaciones te invadan.
Hazlo durante media hora, veinte minutos, el tiempo que puedas.
Siente
el sol, el aire en la cara. Si llueve, no te quedes en casa. No hay
espectáculo más hermoso que la lluvia en el bosque
Eres un Ser de Luz, un Ser Cósmico, perteneces a esta Tierra.
Y es hora de que nos unamos más a ella.
Nuestra Tierra es un ser vivo, como nosotros, y tiene un poder
especial. Puede hacer que tu malhumor, tu cansancio, tu tristeza desaparezca.
Ella te limpia y restaura tu sistema nervioso y respiratorio. Tonifica
tus músculos, activa tu corazón.
Cuando te sientas bajo un árbol, la energía de ese ser
vivo trabaja con la tuya, absorbiendo y purificando todo tu ser, restaurando tu
propia energía. Descargas en la tierra toda la negatividad y la
tristeza, y te liberas de forma sutil y hermosa.
Fíjate bien
cuando vayas al campo ó la playa la próxima vez. Fíjate en
tu estado de ánimo, y en cómo cambia milagrosamente estando
allí.
Fíjate también en los demás.
Verás que es raro encontrar gente enfadada ó estresada en la
naturaleza.
¿Por qué? Porque nuestro cuerpo, y nuestro
sistema energético combina perfectamente con la madre naturaleza.
Estamos hechos de la misma sustancia, y armonizamos maravillosamente
con ella. Somos sus hijos. Ella nos alimenta, nos permite respirar y vivir en
su superficie.
Sin todo lo que nos ofrece la naturaleza, sería
imposible seguir existiendo como raza.
Por eso, cuando salimos de casa, y nos rodeamos de árboles
y agua, nos renovamos por dentro y por fuera.
Nos transformamos,
quitamos la barrera de cemento que nos impide respirar y Ser parte del
planeta
Él es nuestra casa en realidad.
Por esa razón
las culturas ancestrales indígenas, a los que la "evolución
moderna" ha tildado de atrasados, son tan respetuosas con el medio ambiente.
Ellos comprenden bien el vínculo que tenemos con la Naturaleza.
Saben que sin ella no podemos vivir, no podemos avanzar como especie.
Son un ejemplo vivo para todos.
Nosotros somos los atrasados.
La vida actual no nos ha hecho más que esclavos del trabajo, el consumo
y la vida antinatural.
Cuántas veces para aliviar nuestra
frustración y nuestro malestar nos refugiamos en comer demasiado, beber
demasiado, fumar demasiado, discutir con los demás ó hacernos
daño sin motivo.
Hemos permitido que se destrocen las selvas,
los ríos y se contaminen los mares. Estamos mordiendo la mano que nos da
de comer
¿cuándo dejaremos de ser indiferentes?
Quizá ese sería tema para otro capítulo
lo
que en éste quiero transmitirte es:
Cada vez que puedas,
sal.
Si vives en una ciudad, en lugar de irte a un centro
comercial, vete al parque.
Seguro que habrá algún hermoso
jardín donde puedas sentarte un rato en silencio, escuchando los
pájaros, donde el tiempo de tu reloj se para y sólo Eres.
Permite que la naturaleza te renueve, te regenere.
Sal de casa.
Y saca a tus niños también. Ellos necesitan la naturaleza tanto
como tú. Déjales ensuciarse y hacer bolas de barro con las manos.
El barro es un antiviral fantástico para los peques...
Carmen
Robayna http://www.CarmenRobayna.com
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